La llegada de la Navidad transforma los espacios y también las emociones. En ese contexto, las intervenciones asistidas con perros adquieren un significado especial, al integrarse en una época marcada por la nostalgia, la celebración y los cambios de rutina. Profesionales del ámbito social, educativo y sanitario coinciden en que diciembre no solo modifica el calendario, sino también la forma de acompañar a las personas.
Durante estas fechas, las intervenciones asistidas se adaptan al clima emocional propio de la Navidad. Las sesiones incorporan símbolos, recuerdos y dinámicas que conectan con las vivencias personales de cada participante, utilizando al perro como facilitador del vínculo y de la comunicación. El objetivo no es celebrar por celebrar, sino ofrecer espacios seguros de bienestar y acompañamiento.
Entre las actividades más habituales destacan las manualidades con temática navideña. Crear adornos, tarjetas o pequeños objetos permite trabajar la motricidad, la atención y la autoestima, mientras el perro acompaña el proceso como elemento motivador. Su presencia reduce la presión del “hacer bien” y favorece una participación más relajada y espontánea.
La narración de cuentos navideños es otra herramienta frecuente en estas intervenciones. Los relatos compartidos, en los que el perro puede formar parte de la historia, facilitan la expresión emocional, el lenguaje y la escucha activa. En muchos casos, estas actividades abren la puerta a recuerdos personales y conversaciones que de otro modo no surgirían.
Los paseos especiales, adaptados al entorno y a las capacidades de las personas participantes, también cobran protagonismo. Salir al exterior con el perro permite romper con la rutina, reducir el estrés y reforzar la conexión con el presente. En Navidad, estos paseos adquieren un valor añadido al ofrecer momentos de calma en medio de una época a menudo sobreestimulante.
Uno de los ámbitos donde el impacto es más visible es el de los hospitales y centros sociosanitarios. En Navidad, las visitas con perros se convierten en un apoyo emocional especialmente relevante para personas ingresadas o residentes que no pueden pasar las fiestas en casa. La presencia del animal genera cercanía y humaniza entornos marcados por la distancia y la espera.
El efecto de estas intervenciones no se limita a las personas usuarias. Profesionales sanitarios, personal de apoyo y familiares también perciben un cambio en el ambiente. El perro actúa como elemento socializador, facilita la conversación y contribuye a crear un clima más amable en momentos emocionalmente complejos.
Diciembre también implica ajustes en la planificación de las sesiones. Los ritmos suelen ser más pausados, los objetivos se centran en el bienestar emocional y se da mayor importancia a la presencia y la relación. La flexibilidad se convierte en una herramienta clave para responder a las necesidades reales de cada persona.
Este enfoque requiere, además, una atención especial al bienestar del perro de intervención. El aumento de estímulos, los cambios de ambiente y las emociones intensas obligan a cuidar los tiempos de descanso, las señales de estrés y la voluntariedad del animal. La ética y el respeto son pilares fundamentales, también en Navidad.
En un tiempo asociado a regalos y celebraciones, las intervenciones asistidas con perros recuerdan que el verdadero valor está en el acompañamiento y la conexión. En contextos navideños, estas prácticas demuestran que, a veces, la presencia tranquila de un perro puede ser el gesto más significativo de estas fechas.



